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LA GRANDE DEL TRAFUL
       Corría enero del 90 y mi padre tenia que viajar a Bariloche por trabajo, por lo que
 me invito a acompañarlo con el fin de convertir la salida en laboral/piscatoria.
             No hizo falta que insistiera demasiado, ya que la invitación incluía  pasaje de avión
 y hotel, así que prepare los equipos (mi viejo es mas cazador, por lo que deja siempre
 los preparativos de pesca a mi cuidado) y allá fuimos. En el aeropuerto nos esperaba
 el auto que había alquilado y nos instalamos en el viejo hotel Tres Reyes.
             Las madrugadas las dedicábamos a la boca del Limay, pero solo obtuvimos piezas
 pequeñas. Debo confesar que nunca le encontré la vuelta a este lugar, al menos nunca
 pude sacar una trucha respetable.  Mi padre siempre cuenta que, una vez pescando en
 ese lugar, vio en el embudo una cola de trucha que se asomo para volver a desaparecer.
 Lo notable es que cuando me quiere describir el tamaño del apéndice caudal, siempre
 utiliza las dos manos juntas y abiertas para darme una idea de lo descomunal. Muchos
 saben que se trata (o trato) de un  lugar que alberga (o albergo) verdaderos monstruos. 
             Otro tema que no me agradaba demasiado era llegar a la boca antes de  que
 amaneciera y ya encontrar cuatro mosqueros instalados, siempre uno sobre la piedra
 grande. Por lo tanto decidimos dedicar unas jornadas al Traful (uno de mis ríos preferidos)
 y al Caleufu.
             Primera tarde del Traful. Humildemente nos presentamos en el puesto de 
     entrada de la estancia Arroyo Verde para solicitar permiso para  ingresar y pescar. La
 persona que habita el puesto nos hizo esperar con el fin de consultar al patrón
 sobre nuestra intención. Resultado:  luego de una hora de espera sin novedad,
 escuchando el agua del rió escurriéndose entre las piedras, decidimos agradecerle
 por el esfuerzo, pero indicándole que buscaríamos otro lugar (cualquier  día!).
 Retrocedimos con el auto hasta dejarlo a la sombra de un arbusto y nos encaminamos
 por la vera del río corriente arriba, siempre por debajo de la línea de máxima creciente. 
 El Traful es un río espectacular, que tiene tanto pozones profundísimos donde no se ve 
 el fondo, pockets, correderas, en fin, lo que a uno le guste. 
            Con mi padre nos separábamos por breves intervalos de tiempo y nos 
 volvíamos a juntar cuando cada uno había pescado el tramo elegido. Yo iba munido de
 una caña Shakespeare #7 con línea sinking II y mi padre, lejos de las sutilezas, con su
 Orvis Western Trout #8, sinking IV y  tippet 0X (como decía un amigo de Polo Bardin,
 es mucho mas divertido no pescar truchas grandes que no pescar truchas chicas). Al 
 tippet siempre le ataba (aun lo hace) una bitch creek o Leoni's barbarous en anzuelo 2 o 4.
 - Dame una de esas moscas con patas de goma -, siempre pide cuando no las encuentra
 en su caja.
            Al cabo de un rato de piezas pequeñas, nos volvimos a encontrar en la orilla de
 un tramo de aguas lentas con grandes piedras dispersas y me comento que había tenido
 un lindo pique detrás de una de ellas, pero que no había podido repetir el cast. Me 
 invito a probar y en ese momento decidí lanzar hacia la espalda, ya que se trataba de 
 la mejor manera de alcanzar la piedra precisa desde donde estábamos parados. 
          De espaldas al agua busque el hueco entre los árboles hacia donde debía lanzar 
 y al tercer falso cast solté la línea hacia atrás justo entre dos rocas en el medio del río.
 Un strip con la fuzzy wuzzy verde y negra, dos strips y... un pique furibundo y la trucha 
 que trata de meterse debajo de la piedra en el medio del río. Un poco de rigoreo y logre
 sacarla de entre las bochas para lucharla en agua abierta. Al cabo de un rato pude
 arrimarla y conducirla de manera de ponerla entre la orilla y yo, pero en un descuido 
 (evidentemente no estaba tan cansada como imaginaba) enfilo hacia mi y paso entre mis 
 piernas hacia el medio del río nuevamente. La caña describió una curva totalmente
 cerrada, ya que en ese momento se cruzaron puntera y mango, hasta que pude levantar
 una de las piernas para liberar la vara de tan incomoda posición. Finalmente pude
 arrimar la trucha marrón macho y bien gorda (pesaría 2 Kg.) para poder soltarla y se 
 juntara nuevamente con el cardumen que intuía numeroso entre las grandes piedras.
           Seguimos pescando otros tramos del río y nos separamos por un lapso de
 tiempo prolongado. Cuando lo estime conveniente, volví sobre mis pasos para 
encontrar a mi padre en plena pelea con lo que aparentaba una gran trucha. Mi
progenitor habíase deslizado por debajo de unos sauces y se había ubicado sobre
una piedra chata. Tuve que hacer lo mismo para alcanzarlo y vislumbrar el ultimo
tramo de la contienda. Según las propias palabras de mi padre, la trucha había picado 
practicamente debajo de sus pies. - Me di cuenta de que era grande cuando luego
de tomar la mosca partió río arriba -, fue su comentario. Al cabo de un tiempo que
pareció interminable, pudieron sentirse unas vibraciones muy fuertes en la línea con
gran arqueo de la vara, lapso durante el cual pareció haber perdido al pez. Al
instante, apareció la trucha en superficie, parecía muerta!
            Al arrimarla, pudo levantarla sin esfuerzo. Asombrados vimos que la 
trucha efectivamente estaba moribunda, una gran herida en forma de medialuna, 
evidentemente producida por un pez de mucho mayor tamaño, le adornaba los dos
flancos. No hubo que pensarlo mucho para sacrificarla inmediatamente (para
consuelo de nuestra conciencia, estaba permitido en ese momento sacrificar una
trucha de ese tamaño en el Traful, cosa que no puede realizarse ahora y que no hago
nunca). La trucha peso en la cocina del hotel, muchas horas después y ya bastante
deshidratada,  5,45 kg.). Imagínense el tamaño de la trucha que la ataco y la dejo 
moribunda de un solo mordisco!
            Que pez pudo haber sido capaz de algo así? Una gran marrón, una arco 
iris descomunal o un salmo salar sebago? La incógnita nunca será develada. Quizás
alguno de los que lean esto tengan alguna hipótesis. El recuerdo de esta captura
perdurara en nosotros para siempre, y el desenlace inesperado produce un halo de
misterio que la hace aun mas valiosa.
            Luego de ese día sucedieron varios mas de buena pesca. Recuerdo especialmente
una tarde en el Caleufu. Un tramo del río parecía muerto durante casi todo el día, para
explotar en cientos de anillos de rises cinco minutos antes de que oscureciera!
Espectacular!
           
     Espero que el relato haya sido de interés.
     Saludos para todos,
CLAUS D. DONATH desde Argentina
 

 

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