...Jugaba con las piedritas de la orilla, y cada tanto levantaba la vista
como esperando algo.
De pronto, soltó las piedras y salió corriendo mientras gritaba.- Buena
papi, buena!!!
El padre retrocedía lentamente hacia él.- ¿ Puedo largarla papi?, dijo
mientras se mojaba y refregaba sus manitas; la trucha terminó en buenas
manos.
Ya liberada de la mosca, la sumergió nuevamente, no sintió el agua fría, ni
las zapatillas mojadas, solo la sostuvo hasta que se le escurrió de las
manos y la siguió mirando hasta que el reflejo le molestó en los ojos.
Pestañeó dos o tres veces, y miró al padre como jugando a quien tenía la
mejor sonrisa.
Ya sabe perfectamente lo que se siente al devolver una trucha al
agua....Ahora sueña con saber lo que se siente al pescarla.