Dios está en todas partes y en un solo lugar, y cuando
cansado de no entender los grandes problemas de la raza
humana, escuchó la frase "El verdadero sabor de la vida
está en las pequeñas cosas", comenzó a mirar más
bajo, tratando de encontrar eso que llamaban, pequeñas
cosas.
Siempre había tenido su atención y preocupación puestas en
la raza humana, sus grandezas, sus bajezas, amores, odios,
guerras, y ahora andaba por los bosques, paseaba por las
montañas, caminaba descalzo los ríos, hasta que un día se
encontró con un señor, y se detuvo a observarlo.
Este señor, estaba forrado de goma hasta los hombros, metido
en el agua hasta la cintura y con una caña en la mano
trataba de sacar un pez. "Esa vieja necesidad de
matar" pensó Dios, cuando vio que el señor, sacaba
una trucha, le extraía delicadamente la mosca y la devolvía
al agua.
Es increíble pensar que Dios pudiera sorprenderse por algo,
pero esta vez se sorprendió. "Eso tiene mucho
valor" pensó, "hay respeto por la vida, hay amor
por los animales, hasta creo que puede ser digno de
mí".
Y así
comenzó poco a poco en sus momentos libres, que no son
muchos, a construir UN RIO EN EL CIELO.
De cada río en la tierra, sacó unas pocas piedras; de cada
monte sacó unos pocos árboles, de cada orilla sacó unas
pocas flores, sacó un poco de agua de cada nube, y así, después de algún tiempo, lo tuvo terminado.
Pero le faltaba algo en el bosque, faltaba algo en el aire,
en el agua y en
las flores, y ahí tuvo su gran
idea. ¿Saben ustedes a donde van los animales cuando
mueren?. Bueno, ahora estén seguros que, los animales,
cuando mueren, se van al cielo.
Y por
ahí anda ahora Dios, en todas partes y en un solo lugar,
pero a la tardecita, cuando está por caer su sol, toma su
caña y va a su nuevo río, disfruta el vuelo de los
pájaros, escucha la brama de los ciervos y pesca con mosca,
sí, pesca con mosca unas hermosas marrones que llegaron
desde Pichi Picún Leufu.