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¿ DONDE ESTAN LAS DE KILO ? por Claus D. Donath
                 Sucedió esto hace algunos años en la querida tierra de Pehuenia.  Corría enero y estaba 
     yo en el campo en Córdoba, dedicándome a las  tareas del campo (las mejores vacaciones,
     después de la pesca) y combine con un amigo de Buenos Aires (como yo) para ir unos
     días al Quillen antes de ir hacia los pagos de Villa Carlos Paz (que  contraste, pero a esa
     edad uno tiende a equilibrar la pesca con el  merequetengue, no como ahora, que es 99% 
     pesca en el tiempo libre).   El ómnibus de mi amigo arribaría a las 7:30 a la terminal de Río 
     Cuarto, donde lo pasaría a buscar para hacer noche en Colonia 25 de 
     mayo, para reanudar el viaje al día siguiente.
     - Mira que nunca tuve en mis manos una caña de mosca -, me describió  Eduardo L.,
     compañero de aventuras en todo lo que propusiera y  bastante voluntarioso
     para las demás artes de pesca. 
     - No te preocupes -, respondí, revolear la mosca tampoco es una ciencia oculta y yo aprendí
     mientras pescaba (así es como tengo unos vicios que pondrían de punta los
     pelos de San Mel en la estampita). 
     - Además, elegí el río justo para vos (Eduardo L. media y sigue  midiendo un metro sesenta
      y algo),- ya que se pesca caminando por el lecho del río, que en muchos lugares 
     es muy poco profundo .
     8:00 a.m. dejábamos la segunda ciudad de la provincia de Córdoba rumbo a  Santa Rosa.
     Camino del desierto a 130 en el Duna y a las cuatro de la tarde estábamos en Colonia 25 de Mayo.
     -¿ Por que no seguimos hasta Neuquen, ya que es tan temprano? - nos  preguntamos y seguimos.
     - Vamos hasta Zapala? - fue la propuesta una vez en Neuquen. 
     - Y si seguimos hasta Rahue? - ya no hubo marcha atrás.
     Elegimos el camino por Laguna Blanca, que en esa época no estaba asfaltado. La piedra bocha
     (no podía hablarse de ripio) mas chica era del tamaño de una pelota de tenis y el Duna
      resbalaba y reptaba sobre ese lecho irregular con peligro de pinchadura de tanque y otras yerbas 
     (el pobre auto empezó a hacer ruido a Fíat (lata) a partir de este  viaje y hasta el día de su venta).
     Cuestión que la subida de las sierras de Catan Lil fue hecha a paso de hombre y con la cabeza fuera 
     de la ventanilla lateral, ya que el sol en contra impedía ver a través del parabrisas, y la bajada 
     de Rahue en plena oscuridad. Al día siguiente en el almacén de Quillen nos trataron de locos
     por haber encarado la bajada de noche, por el estado en que se encontraba.  A las once de la
     noche sentimos el canto del agua del Alumine (no se veía la mano delante de los ojos), paramos
     el auto y tratamos de   dormir en los asientos reclinados. Digo tratamos porque el frío nos 
     calaba los huesos y por supuesto, las bolsas de duve estaban en el  baúl, dentro de las mochilas
     y debajo de todo lo demás (ni hablar de armar la carpa a esa hora). En el asiento trasero llevábamos las 
     colchonetas de espuma de goma y nos tapamos con ellas, pero nos helamos de todas maneras.

        A primera hora nos pusimos en campaña para conseguir los permisos en Alumine y vuelta hasta el
    lago Quillen, donde establecimos campamento armando nuestras dos carpitas individuales. Desde allí nos 
    trasladaríamos a los distintos tramos del río Quillen en los días que vendrían. Armado el lugar para
    el fuego, fuimos a buscar leña. Digo buscar porque encontrar fue imposible. Siendo este el único
    lugar para acampar en toda la zona, no había madera para hacer un escarbadientes  en cinco km a la
    redonda! Resolvimos el tema trayendo la leña de la  orilla del río donde pasábamos las jornadas de pesca.
    Cada noche aparecíamos, para envidia de los demás acampantes, con el baúl lleno  de palitos, palos,
    tronquitos, troncos. De haberlos vendido, nos hubiéramos pagado el viaje.
          Próximo tema a resolver, las clases de casting para Eduardo L.  Si el profesor era tronco, como saldría
    el alumno!  Los primeros latigazos (lances de mi compañero) se alternaban entre  el bendito suelo
    patagónico, los tábanos que nos sobre volaban y el rostro de mi amigo. Recién aquí vino el primer 
    consejo:- detener la caña a las 11 y a la 1- y algunos mas que le permitieron impulsar la línea unos 7 metros.
    No había tiempo para perfeccionarse, ya que el río nos estaba esperando!
     Salimos en el auto y tomamos un tramo del río como target para el primer día (en realidad ya se había
    hecho la tarde). El segundo  desafío fue tratar de acomodar los waders de mi hermano (1,83 m) a la 
    estatura de Eduardo L.  Por suerte se trataba de unos Red Ball de Nylon  que quedaron algo cortos
    de tiro, pero no molestaban demasiado, si no tomamos en cuenta el ruido producido por el
    rozamiento de los dos  fuelles (piernas de mi voluntarioso amigo), el cual estimo hacia que 
    las truchas huyeran cada vez que se acercaba al agua. 
          Esgrimimos los equipos (yo usaba una caña Fenwick #6 de fibra con un  reel ABU Delta 5, triangular,
    diseño revolucionario para la época y  que aun a veces uso hoy y una caña Cormoran #5/6 de grafito con reel 
    sin marca que "generosamente" cedí al principiante.
         Elegido el lugar de entrada al río, patos al agua! En aquel entonces  no poseíamos botas de vadeo,
    usábamos alpargatas con cordones encima  de los waders. La suela comenzaba a ponerse
    bigotuda al segundo día y  al tercero chancleteábamos mas que vadeábamos río abajo por el 
    Quillen. Para quienes no conocen este río, se trata de un río mediano que nace en el lago del mismo
    nombre y desemboca en el Alumine a la altura de Rahue. Sus orillas se encuentran cubiertas de mimbres y 
    sauces en muchos tramos, lo cual hace que los depredadores humanos no se metan allí con latas,
    cucharas con leader de acero y ranitas vivas. 
         Para el mosquero es ideal caminar por el medio del cauce allí donde el río lo permite y castear hacia
    las orillas cubiertas por la vegetación, lugar donde acechan las truchas. La mejor mosca era una 
    especie de fuzzy wuzzy con cuerpo de chenille verde y pelo de ciervo negro grueso en vez de plumas
    (aun la cola, que es larga), diseño original de Ochoa de Rahue. No me pregunten porque pescaba esa mosca, 
    ya que los pelos de ciervo no tienen la movilidad del hackle, pero era mortífera allí y lo fue en todos
    los ambientes del Sur que frecuente, así como en Córdoba. Incluso recuerdo un pique de trucha apenas la 
    mosca toco el agua y derivo medio metro, como si fuera una seca. En segundo lugar entro una fuzzy
    wuzzy original con el cuerpo amarillo y  hackle negro.
            El tandem estaba constituido por mi en la delantera y Eduardo L. en la retaguardia tratando de
    imitar los movimientos (revoleos) de mi línea. 
           Los piques se fueron sucediendo, pero solo en mi caña y en tamaños pequeños. Gran desilusión
    para mi amigo zapatero y para mi, ya que en la ocasión anterior en que yo había visitado el río había pescado 
    varias de 800 gramos y hasta kilo y medio. En el próximo tramo Eduardo  L. viendo que el agua me
    llegaba a la cintura, siguiome y lleno sus waders de H2O hasta el borde al no tener en cuenta la diferencia de 
    altura. Otro tramo, resbalón y Eduardo a bucear río abajo con la caña en la mano. Aun así, las truchas le 
    seguían siendo esquivas. Esta historia creo que la vivimos todos los que alguna vez nos acercamos a 
    la pesca con mosca al iniciarnos (de la teoría a la practica hay un abismo). Resulta que al tercer día
    llevábamos algo mas de veinte truchas pescadas (una Eduardo L. y el resto quien esto relata), pero 
    ninguna que pasara el medio kilo de peso.
    - Me trajiste engañado - comenzaron los reproches de mi compañero de 
    pesca - aquí no existen las truchas de mas de 500 gramos!
     Como estaba en juego el orgullo, ahí nomás se constituyo la apuesta; cierta especie de bebida si
    sacaba algo de kilo y el doble si lograba que el lo sacara (como verán, hubiese sido mas fácil hacer pasar el 
    reel por el ojo del anzuelo de la mosca!) De aquí en mas máxima concentración para arrebatar una
    trucha de kilo al Quillen.
        Quinto y ultimo día y la estadística señalaba cuarenta y pico de truchas, con Eduardo L. en segunda
    posición con dos arquitos irisitos que tomaron, una mientras trataba de desatar un nudo de viento y la 
    mosca patinaba alrededor de su figura sobre la superficie del agua y, la otra, mientras trataba de avanzar
    sobre las piedras del fondo  arrastrando la línea detrás de si.
     - O pesco o camino, pero las dos cosas al mismo tiempo no puedo  hacer!- vociferaba mientras
    trataba de poner su pie derecho delante del izquierdo, que la línea se despegara del fondo donde
    había quedado clavada diez metros río arriba, que el anzuelo de la mosca no profundizara en su pierna,
    ya que había traspasado la tela del wader  y un inmenso tábano le succionaba medio litro de sangre,
    lo cual, dada  la envergadura del pescador, podría ocasionarle la muerte. 
           Al acercarme a un tramo del río agachado por debajo y a través de los  mimbres de la orilla del río,
    veo una pequeña corredera pegada a nuestra orilla que se introducía en un túnel formado por las ramas de 
    la vegetación ribereña y las raíces. No había forma de lanzar de ninguna manera, solamente podía
    largarse línea y dejar que la llevara la corriente. Tenemos aquí un típico dilema del pescador de mosca: un 
    lugar con olor a truchas pero imposible de alcanzar usando las artes "tradicionales" del fly fishing.
    Si hago llevar la mosca por la  corriente solamente cediendo línea y dando movimiento a la línea con la 
    mano, estoy cometiendo un grave pecado y debería rezar chiquicientos no debos a San Mel? Rapidamente
    encontré la solución al dilema,  trasladando el problema a la conciencia de otro: - Eduardo, porque no 
    dejas llevar la mosca dentro de esta corriente? Es un lugar espectacular! Acá vas a pescar la trucha 
    de kilo! - fue mi proposición  al cómplice de viaje.       
          Eduardo L. miro, dudo y.....no se animo. Ergo, me tocaba a mi el  sacrilegio. Hice viajar la fuzzy
    wuzzy amarilla con negro por el  angosto túnel arrastrada por la corriente y a los cinco metros se 
    clavo en lo que yo supuse era la raíz de los mimbres dentro del agua.
       Golpecitos con la puntera dentro del poco espacio disponible y nada, pequeños tirones y la línea sale
    como una bala hacia el centro del río (no me pregunten como pasaron línea, leader y trucha por las paredes 
    del túnel) y el pez salta un metro fuera del agua, cae y sale río  abajo por el medio del río!
    Eduardo L. miro, pero no dudo - Es enorme! - seguido de otros términos  irreproducibles, mezclando
    los autor reproches por no haberlo intentado con gruesos epítetos dirigidos a la magnitud de mis asentaderas.
     En realidad, no se trataba de ningún monstruo, pero si de una linda arco iris macho de dos kilos,
    tamaño mas que respetable para el  Quillen. La trucha fue acercada a la orilla y en el momento de asirla, 
    rompió el tippet pero, sin poder escapar de mi mano mojada.
      Gran alegría del dueto de pescadores (?) y la trucha de vuelta a su  medio, se lo había ganado con creces!
     Ese mismo día y por hacerme el canchero con Eduardo L. le saque la mosca de la boca a otra muy
    linda trucha en la cola de un pozon. 
     - Así se clava cuando tienes un pique! - le explique, mientras por  supuesto en vez de clavarla le
    quitaba la comida de dentro de la boca,  para beneplácito del pez, que mostró su gran flanco plateado y se 
    despidió de nosotros.
         El viaje había cumplido su propósito, la habíamos pasado espectacular, unidos por la amistad y la
    pesca y habíamos demostrado que las truchas respetables aun poblaban el querido Quillen. A la
    mañana siguiente retomamos para el campo, lavamos el auto y encaramos para el chingui  chingui de la
    disco Keops en Carlos Paz, pero esa ya es otra historia.
  
CLAUS D. DONATH...............BUENOS AIRES, ARGENTINA.
 

 

 

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