Amigo
lector; comenzamos ahora un largo camino donde ambos nos
necesitamos y donde de formas diferentes vamos a participar. Mi
misión será hablarte de la pesca a mosca, pero antes de comenzar
a hacerlo necesito sintonizar con quienes me puedan leer.
Cada
pescador tiene su propia opinión sobre esta pesca, su propia
filosofía y comportamiento. No quisiera influir demasiado pronto
en tu forma de pensar, quiero que lo que yo escriba sea
simplemente respetado y considerado por si algún día te pudiera
ser útil.
Considero
la pesca con mosca un juego entre el pescador y el pez donde unas
veces gana el primero y otras el segundo. En este juego, el pez es
quien tiene la oportunidad de escoger, (comer o no) mientras que
al pescador solo le queda la alternativa de ofrecerle lo que él
cree ver y hacerlo de la forma más natural que sabe. Son,
suficientes razones para opinar que ésta es una pesca de gente
que gusta de trabajar y en hacer bien las cosas en el río.
Respeto,
practico y fomento la pesca sin muerte, pero admito que alguien se
lleve alguna trucha.
Admiro
a los buenos pescadores, sobre todo a los de cebo de río, porque
son la base de nuestra pesca.
Me
duele compartir un deporte con gente que se introduce en el río y
que como un autómata reparte lances a diestro y siniestro sin
importarle lo que venga detrás.
Detesto
a los pescadores que por el placer de clavar, pescan aguas recién
repobladas o tramos de aguas bajas, clavando truchas de pequeño
tamaño (aunque después las besen y las tiren).
Considero el material un bien necesario pero no demasiado
importante y que nunca debe superponerse a las buenas técnicas de
lance y de la pesca. Creo que basta una caña para pescar y que no
hacen falta tecnologías tan altas y caras como si para una guerra
nos preparáramos. Me gustan las líneas sin memoria y de poco
rozamiento que floten bien y sean en Wf. De los carretes me vale
cualquiera y soy muy exigente con los bajos de línea. Tal vez mi
mayor pasión se centre en ellos y en las moscas que durante
muchos años he montado profesionalmente. Hoy, ya pasados los
cuarenta y cinco años, monto justo las necesarias para mi uso y
el de mi escuela.