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VILAGUDIN o el placer de una pesca diferente

 

El embalse de Vilagudin se encuentra en el termino Municipal de Ordenes a unos 30 Km. al norte de Santiago de Compostela, siendo la primera concesión de pesca turística autorizada por la Xunta de Galicia. Se trata de un pequeño embalse que recoge las aguas de dos arroyos que a su vez sirven como división de especies. Por un lado, truchas centroeuropeas y arcoiris, y por otro salmones. El aficionado, previo pago de una cuota de entrada puede acceder a su pesca con cualquier modalidad y tipo de cebo. Solamente la pesca sin muerte está prohibida.

El acceso a los pesqueros se realiza en los todo- terrenos de la empresa concesionaria, y el pescador es asesorado referente a cebos y puestos de pesca por la propia guardería, que muy raramente se equivoca.

 

Avisados de los grandes ejemplares que pueblan sus aguas, nos decidimos por un equipo pesado; caña para línea del nueve y bajo de línea con una punta del 0,30. Y no erramos. Pronto pudimos comprobar que el equipo era el ideal para sacar truchas de una media de cuatro kilos que se habían colocado cerca de la desembocadura del arroyo. Algunos compañeros que dudaron de nuestro apuesta, veían ahora como sus capturas se esfumaban por falta de aparejo que las sujetara. Poco a poco, unos y otros nos fuimos intercambiando los equipos de pesca para disfrutar de aquellos momentos tan intensos. Y por aquello de que la avaricia rompe el saco, decidimos retirarnos pronto para cenar y pernoctar en el hotel Barreiro.

 

Galicia se me antoja como una gran despensa donde uno encuentra, verduras, carnes, pescados, mariscos, etc. y algo de esto debió intuir el cocinero cuando nos propuso de primer plato pulpo a la gallega con cachelos. La respuesta fue lógicamente positiva. Hacia años que con mi amigo y maestro Manuel Iglesias había probado el pulpo en Carballino. Ahora de nuevo y en su misma compañía volvía a deleitarme con tan sabroso manjar. Nada de lo que paso por la mesa aquella noche dejo de sorprenderme.

A la mañana siguiente intentamos con los salmones, pero estos decidieron permanecer bien profundos por lo que cambiamos de nuevo a las truchas. Quien más y quien menos se había acercado hasta la pequeña tienda de pesca de la que dispone el concesionario del coto y había cambiado por lo menos el grueso del nylon .Se observaba ahora, una pesca más técnica, con aparejos más fuertes, pero sobre todo se observaba la pesca cerca del fondo. Cucharillas muy profundas que se recogían con lentitud, imitaciones de pececillos bien lastrados, e incluso algún que otro señuelo de látex que dio magníficos resultados. Todo el mundo disfrutaba.

Quedaba el reto de los salmones y nadie quería abandonar la reunión sin intentarlo. Después de tres horas de interminable espera, la paciencia de un niño se vio recompensada, su caña de fondo se agitaba como si alguien se la quisiera arrancar de las manos. Allí estaba el primero, la hora de picar aprecia haber llegado. Y así fue, primero los cebos naturales y más tarde los artificiales comenzaron a sacar piezas entre dos y tres kilos que daban un bonito colofón a un encuentro de pesca un tanto diferente.

Este primer contacto con el embalse se realizó el pasado año, invitados por Galipesca – Apresna y el hotel Barreiro.

 

  

 

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