No hay nada más
desesperante en la pesca con mosca, que fallar la clavada después del
esfuerzo de localizar y hacer subir a la trucha. Más que un
movimiento técnico, clavar es una acción refleja que unida a otros
factores determinan el éxito o el fracaso de un gran proceso. En
mayor o menor medida, todos los pescadores erramos en éste momento
critico de la pesca, y aunque no siempre es nuestra la culpa, debemos
intentar minimizarlo.
Causa de error
La
precipitación
Es la causa más
común. Los tirones rápidos y violentos retiran la mosca o rasgan la
boca del pez. La violencia en la clavada sobra en casi todas las
pesca, a excepción de la de algunos peces marinos donde el anzuelo
tiene que perforar los cartílagos. La rapidez si no es extrema es
buena, y no es un contrasentido. La respuesta a la subida de la trucha
debe realizarse con cierta rapidez (de ahí el nombre de respuesta
inmediata), diferenciando cuando y como hacerlo.
Cuando se
observa clavar, se aprecian dos grandes grupos de comportamiento, los
que controlan el movimiento parando la caña, y quienes la llevan a
extremos que indican una falta de control. Aunque la respuesta es en
los dos casos inmediata, los efectos son contrarios. Los primeros
tensan la línea con un movimiento de velocidad uniforme y tan amplio
como necesario, mientras que los segundos realizan un movimiento
explosivo que suele llevar incluidos movimientos de muñeca.
Perdida de
visualización de la mosca.
Los brillos del
agua, las sombras, el cansancio o el mismo tamaño de la artificial,
hacen habitual la perdida de su visión durante la jornada de pesca.
Cada vez que esto sucede, aumentan las posibilidades de error en el
clavado, y no hay porque fiarse de la intuición y tirar, cuando una
tomada se produce cerca de donde creemos tener la mosca, cuando
tenemos muchas y fáciles soluciones para este fin. Lo más indicado
si se tiene a mano, es atar algún montaje paracaídas con su
llamativo señalizador. Otra alternativa, si la artificial es
pequeña, es la colocación de un pequeño indicador de picada a
cierta distancia (40-50 cm). La tercera solución, consiste en atar
una segunda mosca de mayor tamaño o de tonos diferentes que hace las
veces de indicador y que al mismo tiempo pesca. Su colocación se
realiza fijando la primera mosca al bajo y sacando de su anilla o
curvatura otro codal que ata la segunda.
Control de la
línea.
El control de la
línea representa en la pesca con mosca el dominio sobre la
artificial. Debemos controlar en cada lance la cantidad extendida
sobre el agua, pues existe una relación entre la amplitud del
movimiento de la caña y su cantidad. Un error muy común, es la
acumulación de línea en un inmenso bucle bajo la caña, que en caso
de picada necesita de un amplio movimiento para clavar y que
terminará en muchos casos en fracaso(didujo. Lo más fácil y
recomendado, es recoger línea con mayor velocidad y si fuera
necesario levantar el puntero para contrarrestar su formación. Otro
error o diferencia en la forma de clavar se produce cuando se pesca
aguas arriba o aguas abajo. En los dos casos el movimiento puede
realizarse de la misma forma, pero advirtiendo que pescando aguas
arriba la línea deriva con ciertas acumulaciones (formas) y necesita
de un movimiento más amplio que cuando se encuentra estirada por la
corriente.

El movimiento.
Al igual que
sucede con las técnicas de lance no hay dos pescadores que realicen
éste movimiento de la misma forma. Sin embargo algunas sencillas
reglas nos ayudan a mejorarlo.
La velocidad de
ejecución nunca debe llegar a retirar el cebo de la boca. El
movimiento debe ser amplio, realizándolo con todo el brazo y
dirigiendo la caña hacia nuestra vertical o hacia un lateral. En todo
caso, cuando se tiene demasiada línea sobre el agua, es el brazo que
sujeta la línea quien ayuda a retirarla. Los golpes de muñeca no son
nada aconsejables, pues acentúan la velocidad de estiramiento de la
línea y descontrolan el movimiento de la caña. Se trata como hemos
advertido con anterioridad de movimientos de aceleración, limitados
por una parada brusca de la caña sobre nuestra vertical o sobre los
laterales.
Diferenciando
subidas
Para mejorar las
posibilidades del clavado y sin pretender "rizar el rizo"
diferenciaremos solamente dos de las formas más comunes en que las
truchas toman el alimento en superficie. La primera y que menos fallos
conlleva, es la que realizan los peces puestos comiendo con cadencia.
Las subidas son lentas, incluso parece que su boca se mantiene en
superficie durante algunos segundos. Durante la deriva de la
artificial, el pescador se mantiene atento, sabe donde se produce y
espera la subida. El movimiento para clavar es parejo al de la
velocidad de la trucha.
La segunda, es
una subida rápida; un brillo, el ruido y todo vuelve a la calma. Se
trata de truchas que comen ocasionalmente o vienen desde aguas
profundas a tomar lo que la superficie les ofrece. En estos casos la
respuesta del pescador se produce de inmediato. Más que de un
movimiento controlado parece un movimiento de defensa, como si lo
visto fuera algo terrible. Los errores son múltiples. Son estas
subidas inesperadas las que suponen los mayores fracasos y sobre las
que debemos concentrarnos y aplicar las técnicas adecuadas.

Factores que
alteran la respuesta inmediata.
Tamaños de
anzuelos
La boca de la
trucha diferencia con gran rapidez la textura de todo aquello que
introduce como comida, rechazando de inmediato lo extraño y
detectando con mayor rapidez los cuerpos de gran tamaño.
Los anzuelos
grandes son detectados de inmediato y rechazados al momento, pero por
su tamaño encuentran rápidamente sitio para clavar. Al contrario,
los anzuelos pequeños se detectan más tarde y clavan con mayor
dificultad, razón por la que se debe retardar el clavado en espera de
una mejor colocación en la boca del pez.
Son muchas las
modalidades de pesca que usan anzuelos de punta doblada (off-set) para
asegurarse un mejor clavado. En pesca con mosca se recomienda para
anzuelos de tamaños 22-24-26 pero funciona igual en tamaños
superiores y puede usarse siempre que no influya en la evolución de
la imitación. Un modelo de anzuelo, el 540 de Mustad ha sido y
continua siendo un ejemplo de lo expuesto.
La distancia de
pesca.
Más que
estudiar la influencia de la distancia en la respuesta al clavado,
quiero advertir de un comportamiento que he venido observando en
muchos pescadores noveles. Es más fácil responder correctamente a
las subidas durante los pequeños recorridos que la mosca realiza
cuando se pesca en corto, que hacerlo pescando en largo con derivas de
metros. La respuesta puede encontrarse en que es más fácil
mantenerse atento durante un desplazamiento de mosca corto que uno
largo.
Son muchos los
pescadores que culpan y descargan sus iras sobre el material cuando
todo les falla. La caña y los bajos son su blanco preferido.
Suele ser la
dureza de las cañas la cualidad más criticada, y efectivamente hay
cañas duras que no ayudan demasiado en la clavada. Pero creo que es
otro el factor el que rompe nuestro bajo: la falta de adaptación
entre pescador y caña. El bajo y los posibles nudos que lo forman
deben revisarse antes y durante la pesca, cambiándolos
sistemáticamente cada cierto tiempo. El problema puede minimizarse
aumentando la calidad del monofilamento pero después de dos o tres
capturas, al menos el nudo, debe realizarse de nuevo.
Texto y fotos.
Manuel Iglesias Angulo
Dibujos .Raúl Romera Morilla.