Tácticas
básicas de pesca a mosca
La
elección de las aguas. La elección del horario.
Sucede
demasiado a menudo que el pescador inicia sus jornadas en lugares de
pesca inadecuados. La comodidad de los caminos, el fácil acceso con
el coche, las prisas, o la información de otro pescador, condicionan
en muchos momentos la zona o recorrido de pesca.
El río es un ser vivo y como tal, nunca se comporta de la misma
manera; lo que ayer fue
válido, mañana no lo
es, siendo varios los factores que influyen para que un río o un
tramo, proporcione o nieguen capturas. Vamos a destacar los factores
que afectan directamente en ésta elección, dividiéndolos en tres
grupos: Los que se producen en el exterior del agua, los que están o
se producen en el agua y los que no tienen solución por parte del
pescador.
No todos estos factores, tienen la misma fuerza o efecto, pudiendo ser
negativos en un lugar y positivos en otro. Y tenemos un ejemplo claro
en el sol. En verano, su presencia y fuerza es nefasta sobre las aguas
descubiertas, pero en las sombras, las truchas mantienen una actividad
que fuerzan al pescador a concertar sus lances bajo las ramas de los árboles.
Por otro lado, al comienzo de temporada, la presencia del sol es casi
siempre beneficiosa y las mejores horas de pesca, coinciden con las de
mayor fuerza solar.
Fuera del agua, influyen sobre la pesca y la elección del tramo: el
sol, el viento, y las temperaturas extremas, los ruidos, las sombras y
los movimientos. La presión atmosférica, el
estado de la luna y las horas de actividad de los peces, deben tenerse
en cuenta, pero es imposible su cambio.
El
sol
Ya
hemos comentado la influencia del sol y podemos continuar hablando de
la influencia de su falta. Si eres observador y le das la vuelta a una
piedra del río, observaras que los insectos tratan siempre de
esconderse en la parte más oscura. Este hecho, demuestra ante todo,
que la parte inferior es más segura; la parte con menos luz. Aunque
no es una regla fija, las eclosiones se producen en su mayor parte en
horas de pocas fuerza solar, es decir, al amanecer y al atardecer
(llamado popularmente "pesca al sereno").
Los caenidos aparecen con las primeras luces del día para morir poco
después de los primeros rayos con fuerza. Suelen localizarse en
grandes grupos de alas blancas cuerpos oscuros de un tamaño de muy
reducido (anzuelo del 22 y 24). Por la noche, suelen aparecer
eclosiones más variadas, y será la experiencia quien os diga de que
se tratan, pero como primera medida para enfrentaros a este tipo de
pesca donde apenas se ve, es que pesquéis con un tricoptero que flote
bien.
Pescar durante el día aguas las que el sol incide con fuerza no es
bueno. Debemos concentrarnos sobre las sombras o lugares con abundante
vegetación acuática. En resumen, sobre lugares oscuros o aguas
fuertes y profundas.
El
viento
El
viento es un gran enemigo del pescador. Seca de inmediato las alas de
los insectos, por lo que algunas especies derivan menos tiempo y
desplaza hacia zonas más protegidas a todos los individuos que se
encuentran cerca del agua. Por otro lado, lanzar en su contra es muy
cansado y proporciona pocas dianas. Y para rematar la jornada, si nos
llega del lado del brazo con el que lanzamos, correremos el peligro de
clavarnos una mosca en la oreja.
A
primera vista, esto es lo que el viento es capaz de hacer cuando está
en nuestra contra. Pero siempre se dijo, cuando se habla del viento,
que el río puede pescarse de cuatro formas diferentes: Aguas arriba
por el lado izquierdo (lugar por donde comúnmente pescamos los
diestros), aguas arriba por el lado derecho, enfrente y hacia abajo
por el lado derecho, y enfrente y abajo por el lado izquierdo. DIBUJO De alguna de estas cuatro formas,
conseguiremos que el viento nos ayude en el lance y máximo, si
sabemos lanzar por el lado contrario del brazo que sujeta la caña.
Queda claro, que lo único que debemos hacer en muchos casos de
viento, es cambiar de margen de pesca, y convertir a nuestro enemigo
en aliado.
En
ríos pequeños, donde el cambio de orilla no es significativo y en
los que la pesca hacia los laterales y hacia abajo no es posible, o en
situaciones parecidas, donde no nos queda otra solución que lanzar en
su contra, debemos sobre todo, tirar de la línea en el momento de la
posada, acortando la distancia del lance y forzando al bajo a posar
estirado. El equipo de pesca en situaciones ventosas debe
complementarse con bajos de línea más cortos y ahusados, que
penetran mejor en el viento. Como tercera regla, podemos intentar
pescar con la caña baja, cerca del agua.
Dibujo
Muchas veces el viento limpia el río de insectos; esto es una gran
verdad, pero los arrastra hacia lugares que tal vez podamos pescar y
donde las truchas los toman con franqueza. Otras veces (en verano) el
viento arrastra hasta el agua materias variadas, arena fina, hojas,
etc., ensuciando ligeramente el agua y donde la trucha busca comida
ocasional. Recuerdo en este caso concreto, un golpe de viento en el
coto de Galisancho que lleno mis ojos y el río de arena. Al poco rato
y donde las aguas comienzan a embalsarse (nido de la cigüeña) las
truchas comenzaron a cebarse de todo cuanto arrastraba el río. Aunque
no pude apreciar ningún insecto, los tres pescadores que allí estábamos,
tuvimos durante diez minutos una pesca interesantísima. Por cierto,
las moscas que usamos fueron diferentes modelos.
En las jornadas de viento, es elemental, buscar lugares resguardados:
vegetación, o cualquier otro accidente que limite su fuerza. Otra
forma muy común de combatir el viento es pescar al amanecer o al
sereno. A estas horas el viento reduce su fuerza.
Temperaturas
extremas
Me
temo que en pesca todo lo extremo es malo. Mucho calor: malo, mucho
frío: malo, mucho viento: malo. De todo los males que tiene el río
el que mejor va con el pescador es el frío exterior. Hace unos años,
cuando no teníamos neopreno, era una desgracia ver cebarse las
truchas y tener que salir del agua para no helarse.
Lo que en pesca nos importa, es la temperatura del agua y que en
muchas
ocasiones
no tiene que ver nada con las temperaturas exteriores. Lógicamente,
si lleva helando una semana seguida, la temperatura del agua baja y es
negativo para la actividad del pez. Pero hay otros casos, como las
bajadas de temperatura por la llegada del atardecer, la niebla,
incluso la nieve mientras cae, que son positivas.
Al principio de temporada, la temperatura del agua es normalmente baja
y se buscan las horas del medio día para su pesca. Sucede lo mismo
con los ríos controlados, cuyas aguas bajan frías. Un buen ejemplo
lo tenemos en el Porma. En pleno mes de Julio, la parte alta se pesca
a las horas de mayores temperaturas exteriores.
Con el frío la actividad de la trucha desciende y el pescador debe
buscarlas en aguas lentas, colocando el cebo lo más próximo a ella.
Los días de calor extremo debemos tener en cuenta las recomendaciones
dadas en el capitulo del sol y pescar aguas rápidas y sombreadas,
salidas de otros ríos que aporten aguas más frescas y si los
hubiera, pescar próximos a las salidas de los embalses.
Ruidos,
movimientos y sombras
Los ruidos que el pescador produce son siempre negativos, aunque se
produzcan fuera del agua. El acercamiento a cualquier postura se
realizara con lentitud, midiendo en cada paso los posibles ruidos.
Los movimientos al lanzar deben ser discretos; hay movimientos que
parecen querer espantar las truchas. Se agitan demasiado los brazos y
la caña.
La sombra es otro factor a tener en cuenta, nunca debe proyectarse
hacia la zona de pesca. Estos tres últimos consejos: ruido,
movimientos de lance y proyección de la sombra, son errores que los
noveles cometen demasiado a menudo y que deben tenerse en cuenta en
cada jornada de pesca.
Factores
que están o se producen en el agua.
El
pescador que se inicia en la mosca, busca desesperadamente lugares
abiertos para extender su línea y lanzar con comodidad. Y digo lanzar
y no pescar, porque estos lugares abiertos proporcionan poco refugio a
las truchas y están "machacados" por los pescadores. El
peor enemigo del pescador en el agua es el propio pescador. Se vadea
sin pensar en los demás, incluso por ignorancia, sin pensar en uno
mismo. El pescador ¨pisa¨ la postura de la trucha haciéndolas
comprender que el lugar no es seguro e invitándolas a no regresar a
ellos. El ruido, los gestos, las sombras, e incluso la forma de posar
la línea, tienen importancia en el resultado de la pesca. Nos hemos
olvidado de que somos depredadores y que las truchas no deben advertir
ni nuestra presencia ni la de nuestro aparejo. Caminamos por el río
como lo hacemos por la ciudad. ¡Así no hay quien pesque!.
Debemos vadear solamente cuando sea necesario, o hacerlo por fuera de
las corrientes principales de río y hacerlo siempre, colocando
fieltro en nuestras botas; protegen de los resbalones y aminora los
ruidos.
Otro gran enemigo del pescador son esas nuevas truchas llamadas de
repoblación que suelen moverse mientras comen. Cuando el pescador les
lanza la mosca al lugar donde las vio comer, ellas se han desplazado
en busca de una nueva mosca. La autentica trucha, espera a que la
mosca les llegue, sabe que está bien colocada y no va ha realizar
más esfuerzos para tomar algo que le llega sin más.
Estos dos modernos males; pescadores y truchas repobladas, no suelen
estar catalogados
como factores que influyan en la pesca, pero creo que comienzan a
incomodar muchas jornadas.
El resto de los factores que hay o se producen dentro del agua, tienen
influencia negativa o positiva en la pesca, dependiendo de que sepamos
o no conjugarlos con la pieza clave de este éxito: la trucha y sus
necesidades. Ya nos hemos referido en anteriores números de esta
escuela a este mismo tema, llamándole al conjunto de estas
necesidades: saber leer el agua.
Básicamente,
la trucha necesita: oxigeno, alimento, protección de los depredadores
y de las corrientes; tienen otras necesidades, pero la influencia en
la pesca de esta cuatro son la clave del éxito o el fracaso de una
jornada.
El lugar a pescar debe tener aguas bien oxigenadas, por tanto, debemos
abandonar en verano las aguas paradas que estén por el sol y tengan
poca profundidad y en general, cualquier lugar cercano a vertidos que
puedan restar oxigeno. Aunque las truchas se encuentren
frecuentemente en estos lugares, su actividad comienza con el cambio
de temperaturas y la llegada de la noche.
Creo que es verdad, aunque a veces lo dudo, que la trucha es un
estomago con boca. Comen de todo y en abundancia, tanto, que se
exponen a ser vistas por los depredadores cuando la abundancia les
invita. Pero no por ello, dejan de mantener unos principios básicos
en el comportamiento con la comida.
La trucha (a excepción de las repobladas) toma el alimento con el
menor esfuerzo posible, colocándose en lugares estratégicos donde la
corriente les transporta la comida; "máximo rendimiento con
mínimo esfuerzo". Nunca, una trucha tomara un bocado de alimento
si este no le proporciona mayor energía que la que ella consume para
su captura. Esta máxima es valida también con las corrientes. Las
truchas no permanecen en las corrientes, el gasto de energía que este
esfuerzo exige, no es posible realizarlo, a no ser que reciba un
aporte de comida más alto que consume. Durante las horas de
inactividad, la trucha se defiende de las corrientes colocándose tras
obstáculos que frenan su fuerza o simplemente permaneciendo en el
fondo donde la fuerza de la corriente es menor. (Ley de rozamiento).
La trucha necesita defenderse de sus depredadores naturales y para
ello se coloca en zonas donde la vegetación, las piedras o incluso la
profundidad puedan ocultarla en un caso de necesidad.
Hemos dejado intencionadamente para el final la necesidad de la comida
en las truchas. Es fácil entender que un pez situado en un lugar
seguro y protegido, donde las corrientes le aporten una cantidad de
comida considerable, luche por defenderlo. Este, es el lugar hacia
donde debemos lanzar y que debemos buscar de acuerdo a las situaciones
cambiantes de un río.