Nada
más que la primavera llega y la temperatura del agua asciende
ligeramente muchos de nuestros ríos se llenan de vegetación vedando
prácticamente la pesca a muchos artes de pesca.
Siempre
se dijo que estos momentos era la pesca a mosca una de las más
beneficiadas.
En
principio, para pescar sobre la vegetación, se requiere dos técnicas
bien diferentes:
1ª.
– La pesca en corto si el volumen de agua es grande y el pescador
puede acercarse hasta la posición del pez sin ser visto.
2ª.
– La pesca en largo cuando las aguas son bajas y el pez tiene
posibilidades de vernos o aun más comúnmente de oírnos.
En
el primer caso se trata de una pesca sin grandes cambios en le
material, pues todo lo necesario será una caña larga para poder
pescar con ella en posición alta de forma que la línea no pegue en
la vegetación y que se realiza prácticamente con el bajo de línea.
El bajo tiene en esta pesca una triple importancia. Debe ser fino,
largo y sin brillos, pues la velocidad del agua no suele ser grande y
la trucha que se encuentra justo debajo puede notar el engaño, y
porque un bajo de línea corto no permitiría la deriva de la mosca.
Pero
lo más natural y en principio más fácil en este tipo de aguas es
pescar los pasillos.
Al
ejecutar el lance justo aguas arriba el pescador cubre al pez con la
línea ahuyentándolo y haciendo difícil una pesca que en principio
resulta fácil. La solución pasa de nuevo por estirar el bajo de
línea para comenzar a pescar de forma ascendente y que solamente la
punta de nuestro bajo entre en el cono de visión de la trucha.
El
pescador debe aprovechar las oportunidades que le brinde la naturaleza
usando la vegetación como lugar de escondite de forma que no tenga la
necesidad de encontrarse en el mismo pasillo que la trucha lo que le
brindará un mayor acercamiento. En situaciones como esta es la
colocación de la caña en la posada el verdadero secreto de una de
las pescas con mosca seca que cautiva por su belleza.
La
caña debe lanzar como si no existiera ninguna alteración entre el
pescador y el pez debiendo posarse lateralmente para que justo bajo
ella quede la vegetación mientras que el puntero y el recorrido de la
línea lo hacen por el pasillo que se quiere pescar. Los movimientos
de la caña para posar pueden realizarse a ambos lados.
Pero
una de las mejores oportunidades que brindan los pasillos entre la
vegetación es la pesca descendiendo.
Poco
conocida entre nuestras formas de pesca, la pesca descendiendo nos
ofrece la oportunidad de ponerle a la trucha la mosca como primer y
principal elemento de pesca en su campo de visión.
El
lance debe realizarse con mucha más línea de la necesaria, para que
en el momento de la posada la
caña se levante con suavidad y la mosca
se pose cerca del pescador. Se mantiene sobre el agua una reserva de
línea que permitirá una deriva libre del aparejo. A la reserva que
de inmediato proporciona el lance, el pescador debe continuar
añadiendo línea con la ayuda del puntero, mientras con la mano
izquierda va extrayendo línea del carrete.
Esta
forma de pesca puede considerarse también una de las mejores
técnicas de pesca en largo cuando se ha dominado la deriva.
La
pesca en largo entre la vegetación es una necesidad que se produce
por la gran cantidad de truchas que se esconden entre ella. La
seguridad que les proporciona y el freno que la vegetación hace sobre
los insectos que eclosionan hacen que las truchas permanezcan allí
todo el tiempo posible.
Con
aguas bajas las truchas se concentran cerca de las corrientes más
fuertes despreciando sistemáticamente los lugares de aguas paradas o
sin fuerza ya que el aporte de alimentos es prácticamente nulo. El
acercamiento es difícil y el pescador se ve obligado a ejecutar
lances a cierta distancia que situaran nuestra línea a través y
sobre la vegetación.
Es
solamente el bajo de línea quien vuelve a pescar, quedando el resto
del aparejo clavado entre la vegetación, de lo que deducimos que debe
ser largo y fino. La deriva del insecto es pequeña y el lance debe
ajustarse de forma que nuestro señuelo llegue sin rayar.