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Hace algunos años cuando me iniciaba en la pesca con mosca me llamaba fuertemente la atención
una frase que los libros repetían “leer el agua”. Nunca llegue a descubrir cual era el secreto de
aquella receta tan usada por sus autores y que entre ellos mismos se copiaban. Hablaban de
troncos y piedras donde el agua paraba y donde las truchas se escondían, pequeños pozos donde
las corrientes entregaban su comida y en las que se alimentaban más truchas de las yo me podía
imaginar. Y todo esto, me lo daban con dibujos donde las cantidades de truchas eran tantas y tan
grandes que cuando los consulto no pueden más que provocarme la risa. Por otro lado me repetían
una y otra vez que debía ir atento a todo aquello que en agua pudiera hacer que las truchas se
situaran en su entorno. Tanto río y tanta mirada me hicieron aborrecer el arte de leer el agua.
Algo de verdad había en todo aquello, pero faltaban las claves para poder comprender lo ellos
trataban de comunicarme.
Hoy, que tengo la obligación de enseñar a pescar y de que mis alumnos aprendan a leer el agua, lo
hago de forma muy diferente. Les enseño a ENTENDER LAS NECESIDADES DE LA TRUCHA.
La trucha tiene unas necesidades prioritarias que son: el oxigeno, el alimento y la protección tanto de
las corrientes como de los depredadores. Esto nos da una idea de los lugares donde no deben estar
las truchas: aguas de poca profundidad sin lugares donde esconderse, por supuesto todas aquellas
aguas bajas en oxigeno, ya sea por calentamiento o contaminación, corrientes fuertes en las que no
haya protección y lugares donde los alimentos lleguen mal.
Las truchas pueden encontrarse en aguas bajas o medias donde obtengan protección de las piedras,
vegetación e incluso en algunas ocasiones de su propio mimetismo. Deben ser aguas oxigenadas y
con aporte de comida, que será en la mayoría de los casos, lo que decida los puestos de caza. Las
corrientes son el vehículo que transporta la comida de las truchas y que ellas aprovechan para que
tomarlo sin esfuerzo. Hay una máxima que siempre se debe emplear cuando se pesca y es: que una
trucha no tomara el alimento que se le ofrece si no le es más rentable que el esfuerzo a realizar.
Entre corrientes o cerca de ellas las truchas se protegen en cualquier lugar donde el agua se frene y
donde su esfuerzo se reduzca considerablemente. Si vemos detenidamente una corriente
observaremos que en sus laterales las aguas cambian de color lo que nos indica que la dirección y
velocidad del agua ha cambiado. Por el fácil acceso que se tiene a esa “cinta transportadora” de
comida que son las corrientes, las truchas permanecen en este tipo de aguas mucho tiempo.
Otros lugares interesantes son todos aquellos blandos que se producen entre corrientes, y que se
diferencian de entre ellas por ser lugares con aguas más lisas. Las grandes corrientes o la corriente
central de un río lleva pequeños chorros afines, es decir pequeños brazos que llegan y salen de la
corriente central. Su fuerza es siempre menor y la comida pasa más despacio, teniendo que realizar
la trucha un menor consumo de energía.
Un pescador puede estar viendo posturas de pesca toda una jornada sin que por ello aprenda a leer
bien el río. El método que hasta ahora nos da dado los mejores resultados consiste en pescar
durante varias jornadas el mismo tramo de río, (entre 60 y 80 metros) de forma que lleguemos a
conocerlo totalmente. De esta forma iremos observando como cada día descubrimos posturas
nuevas que nos habían quedado sin ver. Las diferentes corrientes, o los blandos, parecen
multiplicarse con el paso de los días, de forma que el décimo día tendremos tantos sitios para
colocar nuestra mosca que esos pocos metros nos parecerán interminables.
Después de esta experiencia, pesque cualquier otro lugar del río, usando como patrón lo aprendido y
vera un nuevo río y una nueva forma de pesca.
Manuel iglesias Angulo
Escuela "Baixo Miño" |
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