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MIS ORIGENES
ASI EMPECE A PESCAR. LA
GRAN DECADENCIA
1.975 - 1.999
ALVARO
LOPEZ TRISTAN
Todo en la vida tiene un comienzo, como tal , el mío se
remonta al año de 1975. Desde esa fecha ha pasado mucha agua por mis
vadeadores. Esto ha supuesto un duro aprendizaje, con momentos de grandes
fracasos, pero con situaciones en las que la pesca me ha dado grandes
satisfacciones, permitiéndome conocer lugares, países y gentes, que unido a
su cultura me han llevado a un estado superior que como pescador que practico
el "captura y suelta", me permite ver todo este mundo de la pesca
,agonizante, desde una posición distinta de aquellos que han olvidado que la
primera regla que se debe aprender es la de la humildad. En estos veinte y
cuatro años en los que he elegido una forma de vivir que me satisface
plenamente la pesca con cola de rata, he visto y asisto atónito, por la
dejadez y egoísmo de todos, a la casi total desaparición de mi tierra de la
trucha autóctona, obligándonos a pescar un sucedáneo de sé que raza.
Recuerdo que mis comienzos en el año 1.975 no fueron todo
lo bueno que yo esperaba que fueran. No logre pescar ninguna trucha, por desconocimiento, tanto de la
técnica como del material que tenía que usar. Lo intenté durante muchos
días en esa temporada, por lo que la puedo calificar como de una gran bolo, no me importó, ni me desanimé. Lo que si os digo que en
esos años los ríos de León tenían tantas truchas, que no paraban de
cebarse durante todo el día. A esto ayudaba la casi nula contaminación que
soportaban sus aguas, haciendo que las eclosiones fueran de gran duración y
de una intensidad enorme por la gran cantidad de moscas que emergían.
Recuerdo llegar al río a la diez de la mañana, ¡estaban ya las truchas en
actividad!, abandonando la pesca a la caída de la tarde, sin que hubiesen
parado un solo momento de cebarse. Hoy, este tipo de cebas tan prolongadas son
muy raras de verlas, habiendo cambiado el comportamiento de las que nos
obligan a pescar, alimentándose en unos horarios y momentos fuera de los
clásicos y normales de hace veinte años.
Este hecho es como consecuencia de la total desaparición
de las truchas genéticamente puras, unido a una brutal contaminación de las
aguas , a una sobrepesca, en zonas libres y en los acotados , los pescadores y
los gestores en materia de pesca se creen que todavía estamos en la época de
las vacas gordas. No escuchando a aquellas voces que con estadísticas y
estudios científicos en las manos afirman que la pesca tiene que pasar
obligatoriamente por el sistema de "pesca sin muerte" , aumentando
las denominadas "zonas libres sin muerte". Esto parece una utopía.
Hay dos muros infranqueables, las asociaciones de pescadores y las
Federaciones de pesca, que no quieren saber nada de este tema. Aunque de cara
a la galería y a la opinión social, se denominan y dicen que son mas ecologistas
que las propias truchas.
Pongo por ejemplo, que en León se sigue abriendo la
temporada de pesca de acuerdo a unos criterios de hace cuarenta años, tiene
que coincidir esta apertura con la Semana Santa, se celebre ésta en el mes de
marzo o en el mes de abril. No se tiene en cuenta el ciclo biológico de la
reproducción de las truchas. En estas fechas, la mayoría de los río de
montaña, e incluso algunos de media montaña, LAS TRUCHAS AUN NO HAN FREZADO,
suponiendo esta falta de estudio y de criterio científico, que la mayoría de
estas puestas se pierdan para los años venideros. En cambio, en otras
Comunidades se tiene en cuenta este ciclo biológico, se retrasa la apertura,
retrasándose la veda todo lo que se pueda, incluido su alargamiento hasta el
mes de octubre. Como prueba de esta afirmación, están las actas de los
Consejos Provinciales de Pesca, que solo quieren que al apertura coincida
forzosamente en esas fiestas.
¡Qué pena! Y cada año que pasa,
menos truchas en
nuestros ríos para pescar.
En la temporada siguiente, la de año de 1.976, para mí,
ya empezó a cambiar el panorama. Fue precisamente en este año, más
concretamente, el Jueves Santo, 15 de abril, cuando pesqué mis primeras
truchas. Seis fueron en total. Delgadas y alargadas, por estar recién
frezadas. El río Porma, como siempre, se mostró generoso, haciéndome
temblar, a medida que iba sacando una tras otra. Nevaba, como buen mes de
abril. La zona libre de Villanueva del Condado tenía tanta cantidad de
truchas que nadie se lo puede imaginar. Fue por encima del antiguo limite
superior del Coto del Condado. Este llegaba hasta una puente rústico de
troncos de madera, en el lugar en que hoy han construido un puente de cemento.
En años posteriores, se fijó en la zona en que está en la actualidad.
Según mis notas, las mejores moscas, las más pescadoras , la morada o
cardenal y la oliva. ¡Qué tendrá la oliva que siempre pesca! Ese año y los
siguientes tuve una gran maestro. Valentín Yugueros, gran escultor y mejor
pescador con el sistema de pesca leonesa.
En esa época vi pescar a unos pescadores franceses, con un
sistema de pesca completamente diferente. Muy técnico, pero muy efectivo. Era
también un día desapacible del mes de abril. En el Coto de Cerezales, antes de que fuera completamente esquilmado por la enfermedad.
Pescaba este francés, por encima del puente de este pueblo. En la orilla de la izquierda, río arriba.
Era una preciosa caída, con unas altas espadañas, formando un refugio ideal
para las grandes truchas. Manejaba la caña y la cola de rata, de maravilla.
Las truchas se estaban cebando. Cada vez que una subía a tomar la mosca que
bajaba por el Porma, este pescador colocaba su imitación por encima de la
cebada. ¡Y es que no fallaba ni una! Qué manera de pescar. Por supuesto, yo
ni las tocaba. Lo que más me sorprendió, fue el hecho de QUE TODAS LAS
TRUCHAS QUE IBA SACANDO, LAS DEVOLVÍA VIVAS AL AGUA. Captura y suelta hace un
montón de años. Lo que aún nos quedaba por aprender a los que empezábamos
a pescar. Pescábamos en la gran abundancia, ahora estamos pagando los excesos
que cometimos, grandes cupos, contaminación, falta de gestión, una verdadera
pena.
Terminado este gran momento, coincidimos sobre el puente de
acceso al pueblo de Cerezales . Nos presentamos y me interesé por su método
de pesca. Me lo enseñó, me hizo empuñar su caña, que ligereza,
explicándome, en qué consistía la pesca a cola de rata. Lo que más me
admiró, era que pescaba CON UNA SOLA MOSCA. Me escribió su nombre con el
largo mango de su sacadera sobre la tierra del puente de Cerezales. Me
perecía irreal con aquellas grandes botas, luego supe su nombre y su
función. No tenía yo más ojos , que para aquella maravilla que llevaba
anudada al final de un fino naylon. Me mostró la imitación con la que había
sacado aquellas truchas. Era una efémera oliva, de color bastante oscuro. Me
la regaló. No la he usado nunca, la guardo como recuerdo de lo yo entiendo
como la fraternidad mundial de pescadores. Qué gran pescador y persona.
Ojalá en estos ríos de aquí abajo o en los de allí arriba, pueda pescar y
volver a estar con él, para enseñarle que aquella oliva que me regaló hace
tantos años, cambió toda mi vida, que él fue el culpable de que me
enamorase de algo tan precioso como es la pesca a mosca, en su estado más
puro, como yo la entiendo. No como esos que mojan sus moscas en los ríos de
mi tierra, que se llaman a sí mismos pescadores. Para mí son pescadores, a
secas, les falta el serlo a mosca, para eso hay que recorrer un gran camino,
con un muy duro aprendizaje.
Tenía que intentar pescar de esa forma. Pero en León ,
por aquellos años, solo unos privilegiados eran los que pescaban a mosca
seca, cuya técnica, moscas y secretos no eran compartidos con nadie, menos
con una persona que quería aprender y beber en esos secretos. DURO E
IMPOSIBLE APRENDIZAJE. Recuerdo que hasta estuve tentado de desistir y seguir
pescando con el sistema de pesca leonesa.
Lo primero que debía hacer era comprarme un equipo de
pesca. Los precios eran de escándalo, las posibilidades de elección mínimas
y sobre todo, supeditadas a las disponibilidades económicas para comprar el
material.
Mi primer equipo estaba compuesto por una caña MITCHELL
CONOLON, de ocho píes y medio, para lanzar una cola
DT- 4-5-F. Todavía la
conservo, no he vuelto a pescar con ella, sobre todo por que en estos momentos estoy seguro de que no me aguantaría la muñeca.
El carrete, también era de la misma marca, por la proximidad geográfica del
país vecino, cuyos productos de pesca eran los únicos que se vendían el
León. Su peso en gramos era desmesurado. Había que darle cuerda y funcionaba
de forma automática, recogiendo la cola de rata, apretando un gatillo, de la
misma forma que funcionan hoy los modernos carretes de carbono.
Los vadeadores eran de la marca SPIN, tan amplios, que
conmigo podían entrar otra persona dentro de ellos.
Empecé con seis moscas, montadas con pluma de gallo de
corral. Como nadie me había enseñado a atarlas, y solo sabía realizar un
nudo simple, en cuanto clavaba, se me soltaban, no dándome tiempo a
reponerlas, con el tiempo enseñaron a realizar un nudo doble, con lo que este
pequeño inconveniente quedó resuelto. Todavía me quedaban un montón por
resolver. El mercado de moscas de moscas secas no existía. Aquí nadie las
montaba, con lo que tenía que recurrir a las moscas que montaba APOLINARIO,
MOSCAS LEA. Me las mandaba en una pequeña caja, ampliando su numero a doce.
Muy sencillas, pero muy efectivas, pues los ríos de León estaban
abundantemente poblados de truchas y no hacían ascos a una buena imitación,
bien presentada.
Por aquellas fechas ya se empezaba a celebrar la Semana
Internacional de la Trucha, con abundante participación de pescadores
franceses. Se les veía por León, en sus coches Citroên, llamados
popularmente, Tiburones. Lo que más me gustaba ver, era que en la parte
posterior, reposando sobre sus asientos, traían unos largos tubos rígidos
de plástico, en su interior guardaba , como su tesoro más apreciado, sus
cañas de mosca seca. Auténticas joyas para aquella época. La Semana
Internacional se celebraba en el Coto de Santa Marina. ¡Qué manera de pescar! Y menudas las truchas que
se sacaban. No es de extrañar que en ese tiempo, este Coto estuviera
considerado como uno de los mejores de Europa. Además de ver como pescaba, lo
que yo también buscaba, era un mercado de moscas. Estos pescadores venían
bien surtidos de artificiales. No teniendo reparo en venderlas a todos los que
como yo, estuviésemos necesitados de ellas. Y es que la necesidad era de tal
naturaleza, que comprábamos todas las moscas que pusieran a la venta. Estas
eran montadas por los propios pescadores franceses, alguna veces a píe de
río. Siendo todas imitaciones, copias perfectas de la muy famosa Colección
de moscas francesa "GALLICA". Sobre todo, dos modelos, los
catalogados con los números 30 y 31. Estas dos moscas todavía las empleo,
para mi son dos clásicas. Teniendo en los río de aquí unos momentos muy
concretos de pesca, con unos resultados a veces sorprendentes.
Acuciado por la necesidad de disponer de suficientes
modelos, sobre todo para reponer las importantes perdidas que sufría mi
única caja de mosca, decidí que lo más rentable era el ir comprando, poco a poco, los materiales para sobre esos únicos modelos
de los que disponía, copiar aquellos que estaban confeccionados con
materiales más sencillos. Hilos de montaje que buscaba recorriendo todas las
tiendas en los que podía encontrarlos. Las plumas, los hackles eran de más
fácil adquisición. Con las plumas de los gallos de León me iba arreglando,
por supuesto, ni soñar con los cuellos americanos, no se conocían, además
su precio era desorbitado.
Compré dos sedones, una carne, con el que monto una mosca
que me hace las delicias pescando a partir del mes de mayo, pesco con ella
hasta el final de la temporada, solo tengo que jugar con los diferentes tonos
y posibilidades que me permite las variaciones en la brinca. Compartiendo la
teoría del ADN de los montajes leoneses, expuesta por mi amigo DEL VILLAR.
Según ésta, las moscas leonesas tienen un denominador común, que las
diferencia de todas las realizadas por las diferentes escuelas de montaje que
existen repartidas por el mundo. Este hecho diferenciador es el empleo en
abundancia de las brincas. Con diferentes tonos, su empleo sobre el anzuelo,
debajo de la seda que forma el cuerpo, incluso el brincado, con dos brincas a
la vez, o en el remate de la cabeza de la artificial, conseguimos un montaje
típicamente leonés. Un ADN, el uso de la brinca hace que nuestras moscas
sean diferenciadas del resto de las que puedan ser montadas siguiendo las
pautas de otras escuelas de montaje, como la inglesa, francesa o americana
Teoría que comparto totalmente, que espero que podamos profundizar en ella ,
sentando las bases de la escuela leonesa de montaje, basada en el uso de la
brinca, tanto para las moscas secas, como para las ahogadas.
El otro sedón que compre, era el de color lila. Cuando
pescaba con el sistema leonés, con moca ahogada, había comprobado, que en
determinados ríos, en unos meses muy concretos, bajo unas situaciones
atmosféricas desapacibles, una imitación de color lila, hacia que los días
de pesca fueran fantásticos, cuando el resto de las moscas que tenía en mi
cuerda no pescaban, lo mismo que los pescadores que pescaban conmigo.
Ya por esas fechas pescaba a mosca seca. Muchos fracasos,
pero recuerdo que tuve algunas jornadas muy buenas. Ayudaba la abundancia de
truchas que poblaban los ríos.
Esta artificial de color lila fue la primera que salió de
mi torno, muy sencilla, no se me podía pedir más. En el río Orbigo, creo
que por la zona de Carrizo de la Ribera. Venía crecido y frío. Como siempre
las truchas se cebaron tarde. En esa zona, el río se dividía en dos brazos,
me gustaba pescar un pequeño gancho. De su orilla colgaban unos alisos, cada
vez que pasaba pescaba esa postura. Una trucha, de las de antes, de un color
como el de la mantequilla, marrón claro, se cebaba sin cesar, con una
perfecta cadencia, cada vez que la corriente arrastraba la natural. Lancé,
posé perfectamente. Mi imitación color lila derivaba como una natural más. La trucha capturó una efémera que empezaba a
desplegar sus alas. A continuación mi mosca empezó a pasar por su campo de
visión. Perfecta. Salió a por ella, con un sonoro "glup", se la
tragó. Clavé. Mi caña MITCHELL CONOLON, se dobló por el peso de la
captura. ¡Qué pieza tan bonita! Pero lo que más me emocionó era que MI
MOSCA FUNCIONABA, mi primera imitación había logrado sacar una trucha.
Desde entonces ha pasado mucho tiempo. Me siento fascinado
por el montaje. Muchos más modelos han ido saliendo de mis manos. Unos, copia de grandes moscas muy
pescadores, otros, de creación propia, los más, con pequeños retoques y
adaptación de artificiales, para la pesca de las truchas del año 2000.
El montaje de las GALLICAS, es el siguiente.
GALLICA 30.
Anzuelo: número 18.
Seda montaje. Marrón.
Cuerpo. Quill pavo real sin barbas.
Hackle. Rojo medio.
Alas. Pluma de pato moteadas.
Cercos. Rubión.
Imitación de subimágo macho de la Rithtogena Aurantica.
Moca muy pescadora para mediados - finales de la temporada. La Rithrogena
Aurantica es muy abundante en el Porma, durante los meses de junio, julio y
agosto. Su eclosión produce gran actividad de las truchas. Por lo que es una
imitación imprescindible de llevar en las cajas. Las Rithrogenas necesitan
aguas puras y oxigenadas. Siendo en los ríos y arroyos de montaña, por la
pureza de sus aguas donde se producen las mayores concentraciones de estas
moscas.
GALLICA 31.
Anzuelo. Número 16.
Seda montaje. Negra.
Cuerpo. quill de pavo real, barnizado.
Alas. En fibra de pardo corzuno.
Hacle. rubión oscuro.
Como la anterior, para mediados de temporada. Imita a la
hembra de esta mosca. Hay que tenerla en la caja, ya que en esos días raros
de pesca, las truchas pueden ponerse selectivas, solo comerán la imitación
de la hembra.
Esta situación me ocurrió a mi, pescando en Guadalajara,
había sobre el río una impresionante eclosión de Rithrógenas Auránticas.
Las truchas se pusieron como locas a cebarse, no había ningún otro tipo de
mosca sobre el agua. Solo bajaba ésta, cambié la número 30 por la 31.
Empezó el festival, cada vez que posaba la 31, una trucha se arrancaba a por
ella. Recuerdo este día como uno de los que más bonitos, la cantidad de
truchas que pesqué con este montaje, pasaron de las tres cifras. Pero eso era
hace años, en estos momentos los ríos están muy contaminados, en los cauces
bajos es difícil que ocurra una masiva puesta de Rithrógenas. Pero en algún
escondido arroyo de montaña, todavía se sigue produciendo este milagro de la
naturaleza.
Siguiendo en el tiempo, mi paso de pescar con mosca ahogada, a la pesca con cola de rata, fue radical. Sufrí muchos fracasos, pero
también aprendí de estos mismos errores, fueron mis mejores maestros. Con
paciencia, cada año que pasaba, iba mejorando en todos los aspectos, en la
técnica, materiales, moscas, siendo un paso decisivo, la creación y
montaje de mis propias moscas.
En un día del mes de junio, en el río Porma, con una
mosca de color carne, me estrené, pescando mis primeras truchas con cola de
rata. Fueron ocho preciosas piezas, que me llenaron de orgullo, indicándome
que todavía tenía que aprender mucho más, pero que este era el verdadero
camino. Fue una pesca rápida, casi no me dio tiempo a saborearlo. La saqué
todas por encima de un gran tronco que había quedado varado en una rasera,
lugar donde las truchas salían a por alimento.
Fueron pasando los años con el descubrimiento de
innovadores materiales de pesca, de cañas, acceso a nuevos y revolucionarios
conceptos sobre nuevas artificiales. Tanto por el empleo para la confección
de los cuerpos y de sus alas, de componentes diferentes de las clásicas
sedas, que me abrieron un mundo maravilloso, del que en estos momentos me es
completamente imposible el salir, teniendo continuidad en mi hijo Álvaro,
tanto en la pesca con cola de rata, como en los precisos y efectivos montajes
que realiza en su torno, destacando sus variaciones en la creación de ninfas,
como en la creación de modelos propios, salidos de su observación de la
naturaleza y experiencia en la pesca.
Tardé bastante años en descubrir que con cola de rata
existían otros sistemas de pesca . Me refiero, a pescar con mosca ahogada, y
con ninfa. Dos tipos de pesca que cada día utilizo más. Ya que para mí, no
son un complemento de la seca. Son tres conceptos independientes, pues empleo
unas artificiales, que en un momento concreto de la emergencia, según mi
teoría, de que a las truchas hay que ponerlas delante la imitación de la mosca que en ese momento estén
comiendo, me permiten pescar durante más horas, salvando ese tiempo, en el
que algunos que se llaman pescadores, dicen que el río está muerto, que no
se mueve nada. No se mueve nada en la superficie de agua, pero en su interior,
la vida está siempre presente, hay actividad, las truchas no desprecian
ningún tipo de comida. Antes de la eclosión, hay diferentes moscas que
están saliendo de su estado ninfal o pupal, mucho tiempo antes de que las
veamos volando.
He ido conociendo a muchas personas en muchos ríos y en
las muchas horas que he pasado en sus aguas. Grandes PESCADORES, pero otros
muchos a los denomino con minúscula, me han demostrado que algunos por sacar
una trucha son capaces de no respetar a nadie y mucho menos a la naturaleza.
Muchos, los que más, cuando me he encontrado con ellos, me han negado hasta
el saludo, pero lo que no he llegado a entender es que tapen con su mano la
mosca que llevan sujeta en el portamoscas de su caña.
En cambio, con otros pescadores hemos compartido nuestras
vivencias y nuestros montajes. Guardo un grato recuerdo de una experiencia de
estas vivida y compartidos en Austria, con un pescador alemán. Después de
pescar en el Parque Natural, a la caída de la tarde, no sentamos en unas
mesas de madera de las que disponen las casas granjas, que a la vez prestan un
servicio de comidas a todas las personas que suben a visitar el Parque, ante
unas humeantes tazas de café, en un inglés internacional, nos enseñamos
nuestras respectivas cajas de moscas, ofreciéndonos para que eligiésemos las
que más nos gustasen o aquellas que no conociéramos su montaje.
Recuerdo que me regaló unos montajes de tricópteros
confeccionados en pelo, de alas sintéticas, con los que he pescado muy bien
en diferentes lugares y países. El, a su vez, eligió, unas moscas realizadas
por mí en CDC, con un montaje innovador y en muchos aspectos, revolucionario.
Esta relación con otras gentes, me permitió descubrir que
existían otros salmónidos a los que tenía que prestar mi atención, e
intentar pescarlos. En este orden cronológico, el primero que descubrí
fueron los reos. Pesca que cada año que pasa me apasiona más, dedicándola
cada temporada muchas más jornadas de pesca. Al mismo tiempo, me ha permitido
conocer y hacer unos buenos amigos con los que pesco y me permite aprender de
sus vivencias.
Como consecuencia de esta pesca, vi que había otro pez que
debería pescar. El monarca del río. El salmón. Su pesca a mosca, con cola
de rata me hace sufrir y a la vez gozar cuando logro tener uno de estos
clavado con una de esas maravillas salidas de la imaginación de un montador,
que es una mosca de salmón. Como por ejemplo las de Berlamino Martínez.
Muchos madrugones, mucho sufrir en el Narcea. Pescar, precintar. Ver los
salmones en su postura. Una buena fabada, unos culins de sidra. Lluvia.
Regreso a León a las tantas de la mañana. Pero merece la pena. Hay que
conservar
y mimar esta maravilla. En otros países no se pueden creer que en la Cornisa
Cantábrica, pueda existir unos ríos donde el salmón retorne al lugar donde
nació para cumplir con su ciclo reproductor. Puede dar lugar a su
clasificación dentro de las especies en peligro de extinción.
Países como Inglaterra, Gales , Escocia, han visto
reducirse el número de sus retornos. Están decididos a tomar medidas
drásticas. Pesca sin muerte, cupos en las licencias de los salmones
capturados. Tamaños mínimos de las piezas. A partir del mes de junio pesca
sin muerte en todos los ríos salmoneros. Obligatoriedad de devolver al agua
las hembras. Se han dado cuenta. Asturias todavía está pensando que en sus
aguas hay salmones.
Tuve unos años en los que viaje muchos en busca de nuevos
horizontes para la pesca. La conclusión que he sacado es que se han perdido
zonas y ríos excepcionales. Yo, todavía he podido pescar y disfrutar de
alguno de estos paraísos. Causas, el lucio, furtivismo, contaminación y
falta de concienciación de que el futuro pasa obligatoriamente por la pesca
sin muerte. Cotos de este tipo, y sobre todo, la creación de las llamadas
"zonas libres sin muerte".
La primera provincia que recorrí para pescar, fue la de
Palencia. Quintanaluengos y Mave. Lugares de pesca que no podían faltar en
una buena temporada. En Mave, por encima de la estación de Renfe, he clavado
unas truchas, que más bien califico de truchones que no he logrado mover del
fondo. Los cotos de Pineda y Triollo. Alta montaña. En Triollo, después de
tener clavada con un tricóptero una de sus pequeñas truchas, de entre unos
troncos que había en el fondo del cauce, una trucha de enormes proporciones,
salió disparada a por la que yo estaba sacando, de un bocado me quedé sin
trucha y sin mosca. Zampándoselo todo a la vez. Lo que si recuerdo es que era
muy grande y de un color muy negro. Estos acotados son historia. No me molesto
ni en ir. La gran decadencia por estas fechas ya hacía su aparición y me
empezaba a mostrar sus garras.
Pino del Río. Esto es ya otra cosa. Cuando era zona libre
lo he pescado bastantes veces. No quedaban prácticamente truchas.
Masificación y furtivismo galopante. Zona preciosa de pesca. Gestión bien
hecha. Con la labor de un muy buen guarda, Mikel, amigo mío, siempre cuidando
su coto. Gran labor de reforestación realizada por él en las orillas.
Plantando especies autóctonas para evitar la erosión como consecuencia de
las crecidas, y así evitar la colmatación de los pozos y cambios bruscos del
lecho del río. Espero que algunos gestores de pesca aprendan de estas
iniciativas. Hoy para mi es uno de los mejores cotos que hay en Europa, sufre
algún tipo de contaminación, padeciendo todavía la lacra del furtivismo, a
pesar de la estupenda labor de vigilancia que hace su guarda, Mikel. Mantiene
un caudal durante todo el año muy estable, lo que ha hecho que la población
de truchas aumente de una manera verdaderamente notable, incluso con la
captura de ejemplares de gran talla.
Salamanca, intente pescar todavía en lo que ya era una
autentica decadencia. Cotos como el Chorrón, Galisancho, vivían sus
últimos días como buenos acotados. Enormes lucios poblaban sus aguas, donde
antes grandes truchas hacían las delicias de todos los pescadores.
De Zamora, otro tanto. Pesqué durante unos cuantos años
estupendamente los Cotos de Sejas de Sanabria y Puente Tera. Dos ríos muy
agradables, con una trucha muy fina. Uno como consecuencia de un pantano,
primero por desembalsar sus lodos que terminaron con toda la vida en ese
cauce. Posteriormente, por la creación de otro pantano aguas abajo,
terminaron con uno de los mejores lugares de esa provincia.
Decidí conocer Peralejos de las truchas. Solo su nombre me
hacia soñar con una gran pescata. El Coto de Peralejos Experimental, es la
meca de todos los pescadores deportivos que practiquen la pesca sin muerte.
Históricamente fue en éste donde se empezó a practicar este tipo de pesca.
Eran unos pocos los que la practicas, siendo tachados de locos e ignorantes
por devolver las truchas vivas al río. Hoy en día este coto no es ni sombra
de lo que fue en sus inicios. Presenta un gran furtivismo. A la guardería ni
se la ve. Pocas truchas en sus aguas, con ausencia de eclosiones, por la
colmatación de sus fondos, como consecuencia de los arrastres de sílice y
otras arenas, estando el lecho, en su mayoría, cubierto de una placa blanca
endurecida, lo que hace imposible la vida, y aún menos las eclosiones. De
todos modos, cuando lo pesqué, el Gallo se me abrió y me enseñó todas
grandeza. ¿Qué sería hace veinte años? Los riscos, con sus buitres, por si
solos, ya compensan el viaje. Por algo se le llama Peralejisimos.
El coto del Roncal, merece la pena su pesca. Pero no es
todo oro lo que reluce. Demasiados pescadores en pocos kilómetros de río.
Empleo de cucharilla de un solo arpón, no facilitan mucho el mantenimiento de
la integridad de sus truchas. Que son enorme. Logre sacar unas buenas piezas,
por encima de un puerto, en unas aguas paradas, que ya me compensaron de la
masificación de este coto. Como lleves a otro pescador por delante pescando,
ya te puedes despedir de que se te muevan las truchas.
Me quedo con Asturias. Reconozco que me atrae y que no
puedo estar temporada tras temporada sin ir a pescar en sus río. Sufre una
incompetencia total por parte de los responsables que gestionan estos recurso.
No tiene ni idea. Es que ni las ideas claras. Sus responsables no saben ni
donde están situados sus cotos. El salmón dentro de pocos años quedará
como una especie protegida. Del reo ni se preocupan. Cupos de capturas
desmesurados. Tallas muy pequeñas, sin dar a esas truchas la oportunidad de
reproducirse por lo menos una vez. Empleo del cebo sin un estudio previo de su
lesividad. Gran miedo a la creación de cotos sin muerte. Ejemplo del mayor
desatino en gestión de pesca, es lo ocurrido con el coto de Mieres. Un coto
que el año de su inauguración estuvo al cien por cien de su ocupación.
Visitado por pescadores locales, nacionales y extranjeros. Con truchas de gran
tamaño y cada año que pasa más sabias y selectivas. Ante las presiones de
unos pocos, en perjuicio de la mayoría, sin tener en cuenta las miles de
firmas que se presentaron para que continuase tal como se le creó, y no se
suprimiera por decreto la parte baja del acotado. Una de las mejores.
Tristeza era lo que me producía ver a los que se llaman
pescadores, el primer día que empezó la temporada, con cupos de más de cien
truchas. Y algunos se las comieron. En esa zona baja el resto de la temporada
no quedaron ni pescadores, ni pescados. Una pena. Cuando todas las Autonomías
están retrasando el cierre de sus temporadas de pesca, pues la pesca de
otoño es muy bonita y de gran tradición en otros países, en esta Comunidad
tienden a cerrarla antes, dejando los río en manos de los furtivos.
Hay un pequeño río, que la mayoría de los pescadores
desconocen. El Dulce, para mi uno de los pocos descubrimientos agradables que
he tenido en materia de pesca. La Dánica es su reina. He disfrutado mucho,
con sus truchas y conociendo una tierra que en su tiempo fue frontera y que me
permitió conocer la cultura cristiana y la árabe, en un tiempo de
inestabilidad en el que muchas veces se confundían unos y otros. Precioso.
Mucha vida. Pero con algunos inicios de contaminación en sus orillas.
Espero volver, para pescar en una gran eclosión de
Efémeras Dánicas.
Así , de una manera sencilla, han pasado por debajo de mis
vadeadores vente y cinco años de pesca, llegando a este año de 1999. A punto
de entrar en el tercer milenio. No creo que lo que nos depare el destino en
los años futuros, puedan igualar a lo que había en nuestros ríos en esos
tiempos pasados. No interesa, ni a los gestores de pesca, ni a los pescadores,
ni a las federaciones ni a las asociaciones muy ecologistas
que se denominen, por mucha "pesca sin muerte" que contengan sus
estatutos y se llamen así sus asociados. Es todo mentira. Se habla de cara a
la galería y tomando una cerveza en la tardes de invierno cuando no hay que
pescar. Pero la realidad es que todos estos arrasan los ríos, en las zonas de
pesca con muerte y en las de sin muerte. La gente les denomina de
"Elite". Creo que las nuevas generaciones de pescadores, aunque no
tengan ya truchas autóctonas, y pesquen las repobladas, en este aspecto
empiezan a estar mucho más educadas y concienciadas en todo los que se
refiere a la pesca. De ellos es el futuro.
Por mi parte, mientras pueda y Dios me dé fuerzas, voy a
intentar seguir con esta forma de vivir, que es la pesca, con un una exigencia
cada año mayor, devolviendo las truchas. Conociendo a nuevos amigos, en
distintos lugares y países a los que espero que esta afición me lleve.

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